sábado, noviembre 21, 2009

Sharon Olds / Víctimas



Las víctimas

Cuando Madre se divorció de ti, nos alegramos. Ella lo aguantó y
aguantó en silencio, todos esos años, y entonces
te pateó, de pronto, y sus
chicos la amamos. Entonces te despidieron, y nosotros
sonreímos burlones, del modo en que la gente sonrió cuando
el helicóptero de Nixon se elevó desde South
Lawn por última vez. Sentimos un cosquilleo
al pensar: tu oficina, fuera,
tus secretarias, fuera,
tus almuerzos con tres bourbons dobles,
tus lapiceras, tus resmas de papel. ¿Te sacarían tus
trajes también, aquellos oscuros
cadáveres colgados en tu placard, y las negras
narices de tus zapatos con sus grandes poros?
Ella nos había enseñado a aceptalo, a odiarte y aceptarlo,
hasta que empujamos con ella por tu
aniquilación, Padre. Ahora
paso ante vagabundos en las puertas, las blancas
babosas de sus cuerpos relucen a través de los rasgones
de sus trajes de limo, las sucias
aletas de sus manos, el fuego
submarino de sus ojos, barcos hundidos
con sus luces encendidas, y me pregunto
quién los aguantó y los aguantó en silencio,
hasta que entregaron todo y no les dejó
más que eso.

Sharon Olds (San Francisco, 1942)
Versión de J. Aulicino


The Victims
When Mother divorced you, we were glad. She took it and/ took it in silence, all those years and then/ kicked you out, suddenly, and her/ kids loved it. Then you were fired, and we/ grinned inside, the way people grinned when/ Nixon's helicopter lifted off the South/ Lawn for the last time. We were tickled/ to think of your office taken away, / your secretaries taken away, / your lunches with three double bourbons, / your pencils, your reams of paper. Would they take your/ suits back, too, those dark/ carcasses hung in your closet, and the black/ noses of your shoes with their large pores? / She had taught us to take it, to hate you and take it/ until we pricked with her for your / annihilation, Father. Now I / pass the bums in doorways, the white/ slugs of their bodies gleaming through slits in their / suits of compressed silt, the stained/ flippers of their hands, the underwater / fire of their eyes, ships gone down with the / lanterns lit, and I wonder who took it and / took it from them in silence until they had/ given it all away and had nothing / left but this.
Poem Hunter

Foto: Olds Catherine Mauger / BBC

Versiones de poemas de Sharon Olds, por Juan José Almagro Iglesias y Carlos Jiménez Arribas, en Poesía Mundial de la A a la Z

viernes, noviembre 20, 2009

Javier Cófreces / Sudestada



Sudestada

Una botella de plástico
flota en la calle
El espejo de agua
empezó en un charco
Ahora copó la cuadra
La botella flota
en el manto líquido
que finalmente
inundó todo
El agua entró
por nuestras puertas
mojó algo de lo que tenemos:
Los talones del apuro
por preservar aquello
menos impermeable
que nuestro amor
Que siempre flota
en el mismo barrio

Javier Cófreces (Buenos Aires, 1957)

Foto: Sudestada, sudeste de Buenos Aires, 1929 Fundación Educambiente

De Cófreces en este blog:
Pescados de río / Ultimo poema

jueves, noviembre 19, 2009

Osvaldo Picardo / de "Mar del Plata"



No hay ciudad eterna,
lo sabemos.

Europa tiene plata
para cada piedra de la historia.
Y conserva un simulacro pasajero.

Las barcas amarillas amarradas
en la dársena, apretadas una junto a otra,
sobre todo en la niebla, me hablan
de la inútil tenacidad de las formas.
Nunca se debieron creer
volviendo del mar,
que existirían para siempre.

Por más que intenten sobrevivir
las ciudades mueren
con el que se pierde en sus calles.
No son ellas sino un mapa
de vísceras dadas vueltas.

Debió existir
una ciudad de Fidias y otra
de Rembrandt. Otra imaginada
por Le Corbusier y alguna
por Amancio Williams.

No son una postal
con las ramblas de madera,
las casas bajas de piedra.
Y los espigones que la sudestada
de la noche al día,
desarticula vértebra a vértebra...

Apenas son rastros, casi ruinas,
y no es poco:
antes toda distancia era invisible.

Osvaldo Picardo (Mar del Plata, 1955), Mar del Plata, 2005

Foto: Antiguo cartel de piedra en la prolongación de la Avenida del Valle, Balcarce, provincia de Buenos Aires Rumbo al Sud

De Picardo en este blog:
Pity of Love

miércoles, noviembre 18, 2009

José María Alvarez / Dos poemas


Anónimo
Siglo V.

Invasión de los bárbaros


Pasaron los reinos que fundaron
hombres que venían del mar.
Y los templos son polvo.
Reyes y sacerdotes,
vencedores y esclavos, y sus dioses,
se confunden con el polvo.
Pasaron los grandes emperadores
que tuvieron en su mano el mundo.
Pompeyo y César, Augusto,
y Tiberio y Nerón, y el magnífico Trajano
y Marco Aurelio.
Pasaron sus triunfos y derrotas
y su gloria. Como el viento sobre las aguas.
Y la ciudad olvidó.
Así pasarán éstos que ahora asolan
sus piedras, y pasarán sus hijos
y nosotros que contra ellos
nos levantamos. Los mismos pájaros roerán todos los huesos.
Y la ciudad olvidará.
Pero yo no quiero
ver otro mundo.
Mi alma pertenece al legado de Roma.


Anastasio, "El Bizantino"
Siglo VI - Siglo VII.

De Cantos de Amor

Cuando los Angeles del vino
en la alta noche muestran a mis ojos
los placeres posibles, y me dicen
sueña una mujer,
al alba será tuya,
impasible contemplo las insinuaciones
de las más bellas cortesanas.
Para mí ya no existen otros ojos
que los tuyos, ni boca comparable,
no puedo imaginar que mis caricias
hagan nacer amor en otro cuerpo.
Digo entonces: Partid,
oh dulces Angeles, llevad
a otros lechos vuestra alegría.
Pues qué mujer después de la que amo
encontraría en mis ojos sino la vasta noche.

José María Alvarez (Cartagena, Murcia, 1942), La Edad de Oro, Editora Regional de Murcia, Murcia, 1983


Foto: Alvarez La Casa de los Malfenti

martes, noviembre 17, 2009

W. H. Auden / Mal tiempo


Cattivo tempo

El siroco trae a los diablos menores:
un portazo
a las cuatro de la madrugada
anuncia que han vuelto,
más insolentes y más gordos
por la mala literatura
y los dramas cursis.
Son Nibbar, demonio
de los berretines y de la estupidez,
y Tubervillus, demonio
del chisme y el rencor.

Nibbar va al estudio
para susurrar de manera plausible
lo que casi está bien,
lo que casi es verdad.
Cuídate de él, poeta,
por si, leyendo por encima de tu hombro, encuentra
lo que lo pone contento,
el estilo artero,
el significado confuso,
el poema malo.

Tubervillus se dirige al comedor,
resuelto a escuchar,
esperando que se le dé pie.
Cuídense de él, amigos,
por si a sus instancias la charla
toma un giro equivocado,
la lengua suelta
con perversidad espeta
una verdad a medias,
la diversión se afea,
y los chistes duelen.

No los subestimes; con sólo
romper el poema
o cerrar la boca
no derrotarás a ninguno de los dos:
encontrarte a solas,
confinado en tu dormitorio
fabricando allí,
por lascivia o autopreocupación
algún quejoso e intratable
diablillo propio,
eso es también triunfo de ellos.

El contraataque correcto es aburrirlos;
dejar correr la tediosa pluma
por la tediosa correspondencia,
menear la afilada lengua
en chapuceado italiano, pedirle al peluquero
socialista que adivine
o al monárquico pescador que nos diga
cuándo cambiará el viento,
engañando al infierno
con la obviedad humana.

1949


W. H. Auden (York, 1907-Viena, 1973), Rolando Costa Picazo, W.H. Auden: Los Estados Unidos, y después. Poesía selecta, 1939-1973, Ediciones Activo Puente, Buenos Aires, 2009

Cattivo tempo
Sirocco brings the minor devils: / A slamming of doors/ At four in the morning/ Announces they are back, / Grown insolent and fat / On cheesy literature / And corny dramas, / Nibbar, demon / Of ga-ga and bètise, / Tubervillus, demon / Of gossip and spite. // Nibbar to the writting-room / Plausibly to whisper / The neraly fine, / The almost true; / Beware of him, poet, / Lest, reading over / Your shoulder, he find / What makes him glad, / The manner arch, / The meaning blurred, / The poem bad. // Tubervillus to the dining-room / Intently to listen, / Waiting his cue; / Beware of him, friends, / Lest the talk at his promting / Take the wrong turning. / The umbated tongue / In mischieg blurt / The half-home truth, / The fun turn ugly, / The jokes hurt. // Do not underrate them; merely / To tear up the poem. / To shut the mouth / Will defeat neither: / To have got you alone / Self-confined to your bedroom / Manufacturing there / From lewdness or self-care / Some whining unmanaged / Imp of your own, / That too is their trumph. // The proper riposte is to bore them; / To scurry the dull pen / Through dull correspondence, / To wag the sharp tongue / In pigeon Italian, / Asking the socialist / Barber to guess / Or the monarchist fisherman to tell / When the wind change, / Outwitting hell / With human obviousness. 1949

Ilustración: Escenas de la vida de San Francisco: la expulsión de los diablos de Arezzo, Giotto di Bondone, 1297-1299

De Auden en este blog:
Quién es quién
Bruselas en invierno
Gare du Midi / Musée des Beaux Arts

domingo, noviembre 15, 2009

Dante Alighieri, Comedia, Infierno, 10


Infierno, Canto Décimo

Se encaminó por una secreta calle
entre los muros desa tierra y los martirios,
mi maestro, y yo detrás de sus espaldas.

"¡Oh virtud suma, que por los infames círculos
me llevas", comencé, "tal como te place,
háblame, y mis deseos satisface.

"¿La gente que por los sepulcros yace
podré ver? Ya están levantadas
todas las cubiertas y no hay guardia."

Y él a mí: "Todos serán cerrados
cuando de Josafat aquí regresen
con los cuerpos que allá arriba dejaron.

"Su cementerio en esta parte tienen
con Epicuro todos sus secuaces,
que creen que el alma con el cuerpo muere.

"Pero la pregunta que me haces
pronto será aquí mismo satisfecha
y también el deseo que me callas."

Y yo: "Buen duca, no tengo respuesta
a ti en mi corazón sino el hablar poco,
y tú no más que a ello me has dispuesto.

"Oh toscano, que por la ciudad del fuego
vivo vas así, hablando recto,
por favor, deténte en este sitio.

"Tu lenguaje hace manifiesto
tu nacimiento en esa noble patria
a la que fui, quizá, molesto."

Súbitamente este cantar salió
de una de las arcas; por lo que me arrimé,
temiendo, un poco más a mi maestro.

Y él me dijo: "Date vuelta, ¿qué haces?
Mira allá a Farinata que se ha levantado; *
de la cintura para arriba podrás verlo."

Yo había fijado mi mirada en la suya;
y él se erguía con el pecho y con la frente
como si tuviese al infierno en gran desprecio.

Y las animosas manos de mi duca
me empujaron entre las tumbas hacia él,
diciendo: "Sean contadas tus palabras."

No bien al pie de su tumba estuve
me miró un poco, y casi desdeñoso,
me preguntó: "¿Quiénes fueron tus mayores?"

Yo, que de obedecer era deseoso,
no le recelé, más bien le dije todo;
por lo que las cejas levantó un poco,

para decir: "Fieramente se opusieron
a mí, a mis antecesores y a mi partido,
de suerte tal que dos veces los eché."

"Volvieron desde cualquier parte",
le respondí, "una vez y otra vez;
los tuyos no aprendieron ese arte."

Entonces surgió a la vista descubierta
otra sombra, junto a aquella, hasta la barba;
creo que se sostenía arrodillada.

Miró a mi alrededor, como si deseo
tuviese de ver si conmigo había otros;
y luego que se apagara su sospecha,

llorando dijo: "Si por esta ciega
cárcel vas por la altura de tu ingenio,
¿mi hijo dónde está? ¿por qué no va contigo?"

Y yo a él: "Por mí mismo no vengo:
el que espera allá, por aquí me lleva,
tal vez tu Guido lo tuvo en menos." **

Sus palabras y el modo de su pena
me habían dicho ya su nombre;
por eso mi respuesta fue tan plena.

De súbito levantado, gritó: "¿Cómo
dijiste? ¿Él lo tuvo? ¿Entonces ya no vive?
¿No hiere sus ojos el dulce resplandor?"

Cuando observó alguna demora
que yo tuve en darle la respuesta,
supino cayó y ya no se alzó fuera.

Pero aquel otro magno en cuyo sitio
me había detenido, no mudó de aspecto,
no movió el cuello ni torció su flanco;

y continuando el primer diálogo,
"Si aquel arte", dijo, "no aprendieron,
eso me atormenta más en este lecho.

"Pero no cincuenta veces arderá
la cara de la dama que aquí reina, ***
que tú sabrás cuánto ese arte pesa. ****

"Y aunque al dulce mundo vuelvas,
dime, ¿por qué es tan impío ese pueblo
contra los míos en cada una de sus leyes?"

Y yo a él: "La vejación y el exterminio
que hizo el Arbia colorar de rojo,
tal oración ordena en nuestro templo."

Tras suspirar y mover la cabeza,
"A eso no fui solo", dijo, "ni ciertamente
sin razón me moví con otros.

"Pero estuve solo allá, donde quisieron
todos que Florencia fuera devastada,
y la defendí a rostro descubierto."

"¡Ah, que repose tu descendencia",
imploré, "desátame ese nudo
que ha enredado mis sentencias.

"Parece que ves, si oigo bien,
delante lo que el tiempo trae,
pero en el presente tienes otro modo."

"Vemos como el que tiene mala luz
las cosas", dijo, "que nos son lejanas,
todo cuanto nos ilumina el Sumo Guía.

"Cuando se acercan o son, todo es vano
nuestro intelecto; y si otros no nos dicen,
nada sabemos de vuestro estado humano.

"Puedes comprender que será muerta
nuestra sabiduría en aquel punto
donde se cierre la puerta del futuro."

Entonces, como de mi culpa compungido,
dije: "Le dirás entonces a aquel caído
que su hijo aún se encuentra entre los vivos,

"y si fui, antes, en la respuesta mudo,
hazle saber que fue porque pensaba
ya en el error que ahora me has resuelto."

Y ya me reclamaba mi maestro;
por lo que con prisa al espíritu rogué
que me dijera quiénes con él estaban.

Me dijo: "Aquí con más de mil yazgo;
acá dentro está el segundo Federico,
y el Cardenal, y de los demás me callo." *****

Entonces se ocultó; y yo hacia el antiguo
poeta volví los pasos, repensando
ese hablar que me pareció enemigo.

Se movió, y después, andando,
me dijo: "¿Por qué estás abatido?"
Y yo le di satisfacción a su demanda.

"Tu mente conserve lo que oíste
contra ti", me ordenó aquel sabio.
"Y ahora atiende", y levantó el dedo:

"cuando estés delante del dulce rayo
de aquella cuyos bellos ojos todo ven,
de ella sabrás el viaje de tu vida."

Luego volvió a mano izquierda el pie:
dejamos el muro y fuimos hacia el medio
por un sendero que conduce al valle
que hasta allá arriba aborrecible hiede.


Dante Alighieri (Florencia, 1265-Rávena, 1321), La divina commedia
Versión de Jorge Aulicino


* Farinata degli Uberti, recordado gibelino (partidario del emperador germano). Todo lo que sigue a continuación hace referencia a la rivalidad con los güelfos (partidarios de Roma, es decir, del papado). Dos veces Farinata echó a los güelfos de Florencia. En ocasión de la batalla de Monteaperti, en 1260, junto al Arbia (que se tiñe de rojo en este canto), los venció en lucha franca. Luego se opuso ante el consejo de los gibelinos toscanos, con todas sus fuerzas, a la destrucción de los muros de Florencia y la reducción de la ciudad a pequeños burgos. El pecado de Farinata no ha sido la traición: Dante lo coloca entre los herejes, por su oposición al Papa. Le desea además el descanso a sus descendientes, ya que no a él mismo

** La sombra que ha hablado es la del padre del poeta Guido Cavalcanti. Algunos comentaristas -entre nosotros, Angel Battistessa- han intentado demostrar que Dante no pretende decir que su entrañable amigo desdeñaba a Virgilio, aunque eso es, literalmente, lo que menciona como posibilidad: forse cui Guido vostro ebbe a disdegno: tal vez a quien vuestro Guido desdeñó. El encuentro de Dante con Cavalcante degli Cavalcanti es sin duda uno de los pasajes más conmovedores de la Comedia

*** La Luna

**** Probable alusión al futuro destierro de Dante. Razón, en ese caso, de su congoja en los versos finales y de la severa amonestación de Virgilio, en tanto sólo en el cielo puede considerarse inscrito el porvenir humano

**** El emperador germano Federico II, y el cardenal Ottaviano degli Ubaldini, gibelino, quien se encuentra entre los herejes por haber dicho que había entregado su alma al partido del emperador, con el agravante, herético: "si hay un alma".


Ilustración: "Súbitamente este cantar salió /de una de las arcas", Gustav Doré

Dante Alighieri / Comedia, Infierno, 9


Infierno, Canto noveno

Aquel color que el miedo me pintó,
viendo a mi duca dar la vuelta,
en el acto logró que el suyo contuviera.

Atentó se paró como el que escucha;
que el ojo no podía mirar lejos
por el aire negro y la tupida niebla.

"Nos convendrá vencer en la lucha",
comenzó, "si no... Alguien lo prometió;
¡oh, cómo tarda en llegar la ayuda!"

Yo vi muy bien cómo ocultaba
el comienzo con lo que que venía después,
que las primeras palabras hacía diversas;

pero no menos pavor su decir me dio,
porque llevaba yo la palabra trunca
tal vez a peor sentido del que tenía.

"¿En este fondo de la triste poza
descendió algún otro desde el primer grado
donde sólo es pena la esperanza rota?" *

Esta pregunta hice yo; y él: "Raramente
encontrarás", me respondió, "quien
haga el camino por el que voy.

"Verdad es que otra vez aquí estuve,
conjurado por aquella Ericto cruel **
que a su cuerpo las almas reclamaba.

"Hacía poco de la carne me había desnudado,
que ella me hizo entrar tras ese muro
para traer un espíritu del círculo de Judas.

"Es el más bajo lugar, y el más oscuro,
y el más alejado del cielo que todo hace girar;
bien sé el camino, puedes andar seguro.

"Este pantano que el gran hedor respira
ciñe en torno la ciudad doliente,
donde no podemos entrar ya sin ira."

Y algo agregó, mas no lo tengo en mente,
porque el ojo todo había empeñado
en ver la alta torre en la cima ardiente,

donde se levantaron de improviso
tres furias infernales de sangre tintas
que miembros femeninos tenían y actos,

y con hidras verdísimas se ceñían;
serpientes y cerastas tenían por crines,
que las fieras sienes les rodeaban.

Y él, que bien conocía a las siervas
de la reina del eterno llanto,
"Las feroces Erinias", me dijo, "mira".

"Esta es Megera, la del siniestro canto;
la que llora a la diestra es Alecto;
Tisifón la del medio", y calló luego.

Con las uñas se hendía cada una el pecho;
batíanse con las palmas y gritaban tanto
que me apreté al poeta, receloso.

"¡Venga la Medusa: lo haga de cemento",
decían las tres mirándome derecho:
"mal nos cobramos de Teseo el asalto."

"Date vuelta y ten cerrados los ojos;
que si se mostrara Gorgona y tú la vieses,
nunca más sabrías de volver a lo alto."

Así dijo el maestro; y él mismo
me volvió, y como no confió en mis manos,
con las suyas todavía me cubrió.

¡Oh, los que tienen intelecto sano,
miren la doctrina que se esconde
bajo la veladura de los versos raros!

Y ya venía por las turbias ondas
el fragor de un sonido, lleno de espanto,
por el que temblaban ambos bordes;

no de otro modo hecho que un viento
impetuoso por ardores adversarios,
que hiere la selva y sin ningún freno

las ramas quiebra, abate y las arroja;
delante polvoriento va soberbio
y hace huir a fieras y pastores.

Los ojos me descubrió y dijo: "Lleva el nervio
de la mirada hacia la espuma antigua,
por allí, donde el humo es más acerbo."

Como las ranas ante la enemiga
culebra por el agua se dispersan todas,
hasta que la tierra a todas agavilla;

vi yo más de mil almas destruidas
huir así delante de uno que al paso
cruzaba la Estigia con pies secos.

Del rostro apartaba aquel aire grueso,
moviendo la izquierda con frecuencia;
y sólo de esa molestia parecía cansado.

Comprendí que era el enviado del cielo,
y volvíme al maestro; y él hizo un gesto
de que estuviera quieto y me inclinara.

¡Ay cuán me parecía lleno de desdén!
Fue hasta la puerta y con una vara
la abrió, que no tuvo ningún impedimento.

"¡Oh, arrojados del cielo, gente contrariada!",
comenzó él en su horrible entrada,
"¿cómo es que abrigáis esta arrogancia?

"¿Por qué resistís la voluntad aquella,
cuyo fin no puede ser truncado,
y que tantas veces aumentó la pena?

"¿De qué os sirve al hado dar patadas?
Vuestro Cerbero, si bien lo recordáis,
lleva aún pelados el mentón y el cuello."

Luego regresó por el camino cenagoso,
sin hablarnos, mas con el semblante
de hombre a quien otro cuidado acicatea,

y no los de aquellos que están allí delante;
y nosotros los pasos dirigimos a la ciudad
seguros ya tras las palabras santas.

A ella entramos sin ninguna guerra,
y yo, que tenía de mirar deseo
la condición que la fortaleza encierra,

no bien entré, los ojos volví en torno,
y vi por donde miré grande campaña,
llena de duelo y de tormento reo.

Como en Arlés donde el Ródano se estanca,
como en Pola, cerca del Carnaro,
que Italia cierra y sus fronteras baña,

llenan las tumbas el sitio de montículos,
así hacían allí por todas partes,
salvo que el modo era más amargo;

porque entre las fosas se esparcían llamas,
por las que eran tan completamente ardidas
como hierro no pide en ninguna fragua.

Todas sus lápidas estaban levantadas
y afuera se oían tan duros lamentos
que bien parecían de míseros y ofensos.

Y yo: "Maestro, ¿quiénes son esas gentes
que, sepultados dentro de estas arcas,
se hacen sentir con suspirar doliente?"

Y él a mí: "Aquí están los heresiarcas
con sus secuaces, de cada secta, y mucho
más que no tú crees que las tumbas carguen.

"Igual con igual está enterrado,
y calientan más o menos los sepulcros."
Y luego de girar a la derecha,
pasamos entre martirios y murallas.


Dante Alighieri (Florencia, 1265-Rávena, 1321), La divina commedia
Versión de Jorge Aulicino


* Se refiere al Limbo. E intenta averiguar si alguna vez Virgilio había recorrido el camino del Infierno.

** Maga de Tesalia. Invocaba a los espíritus para conocer el porvenir. Mediante la mención de su encomienda, Virgilio responde a la preocupación de Dante: le hace saber que conoce hasta lo más recóndito del Infierno.

Ilustración: "Las feroces Erinias", me dijo, "mira", Gustav Doré

sábado, noviembre 14, 2009

Leónidas Lamborghini / de "El solicitante descolocado"




El solicitante descolocado

(Fragmento)

-¿Qué es esto?
Hasta que el fabricante disfrazado
de patrón
vistiendo su más fino casimir
su más peinado hábito
me envuelve con su cola y aquí
me deposita:
-Éste es tu nuevo puesto

San Andrés caminaba
con altas botas de goma
ese invierno.
Bajo lluvias continuas, localidad
sintió sobre sus tierras
motores y patas de telares.

Yo era control
y era el Alto Parlante voz de mando
infundiendo valor a mis peones
tratando de tomar por asalto los galpones
vacíos.

Caudillo entre mi gente
en medio de tan ruda batalla
soy derribado
al tiempo que mis hombres
conseguían entrar sobre grandes rodillos
entonces
sobreponiéndome
alcanzo a defender con victoria
toda esa época
la bandera del capital ajeno.

Una primavera me sorprende
y el mover de este pueblo.
El ruido se hizo carne y habitó entre nosotros:
Yo, el ubicuo gerente
devine popular:
coordino y distribuyo los trabajos
tomo y obligo.

Oh Ilusión Ilusión
nada de esto es lo mío.

Como estafado corrí a la comunicación
telefónica
en lo templado del sol nace el deseo
argumenté en favor de una más alta calidad
Casa Central yo necesito
una pantera de solapados hábitos.

El rugido de los 2 pichones semi-diesel
saludó su llegada
subida a ese montículo
entonces
me prendé de unos grandes repollos azules
marcados sobre sus blancas carnes.
He aquí mi amor
he aquí mi primera vista.
Capataza.

Astutos simularíamos trabajar en el fichero
las últimas horas
la oficina será nuestra mejor aliada
ella
inclinándonos así
el uno sobre el otro en secretos.

No quiero
estar ya más para las estadísticas
para el activo contador
y el complejo mecánico reventaron
rechiflados de sed verano tus días
y los obreros queriendo trabajar
emborrachándose
bajo la chapa ardiente
cuando
la perra patronal
negra, colérica ladrante, amenazó:
-Castigos sin indemnización.

Tu pereza y la mía únicas privilegiadas
no obstante tácito acuerdo pactan
así destruir la fabricación occidental
desde entonces
tejiéndonos en horario descorrido
hasta el anochecer

Hasta que la sospecha se adueñó de vosotros
hasta que todas vuestras sospechas
confirmasteis
hasta que mi cansancio frente a vos y
la industria

en mitad
del capital problemas de las mermas
disparado a
tocar los senos de la pequeña Maruska.

Que además crecieron los celos
yo, sabiéndome tu cornudo inolvidable de una
vez
para siempre
no conforme
hasta escupirte el rostro
ante el congreso de partidarias zurcidoras.

En la sombra
lejos del industrial ruido
me arrodillo junto al lecho de la pequeña
Maruska
toco sus senos a punto de nacer
sentir
sentir
de la antigua pureza ese relámpago.

Y el que había desatado
la corrupción desorganizadora
creyó llegado ahora el colmo
quiso salvar mas ya era tarde e impotente
vio sin la antigua alegría
-saboteador arrepentido-
bajar, bajar el nivel
y el Costo
ir hacia lo Altísimo.

Leónidas Lamborghini (Buenos Aires, 1927-2009), El solicitante descolocado, 1971

Ilustraciones: Portadas de las ediciones de El solicitante descolocado de Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 1971, y Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1989

De Lamborghini en este blog
En los molinetes

viernes, noviembre 13, 2009

Jorge Fondebrider / Dos poemas



La lluvia a mano

No sé por qué pero querría
mencionar las posibilidades de la lluvia,
su modo de golpear sobre los tachos,
su forma de colarse en los zapatos,
de rodar sobre el vidrio, meterse en el poema
precisamente ahora
que ahora está lloviendo en esta página
y llueve, como dijo Tuñón, con todos los tambores de la lluvia.
¿Después? Después no sé,
pero ahora llueve
y quiero dejarlo aquí anotado por si alguien necesita
la lluvia como yo.


Botella

Acá es donde pregunto
cuál es la necesidad de conmover
a los contemporáneos,
o para qué perder el tiempo cuando el tiempo
acaso no ha llegado y la botella
aún no se ha lanzado.

Jorge Fondebrider (Buenos Aires, 1956), inéditos


Ilustración: Automóvil con gotas de lluvia, Friedensreich Hundertwasser, 1953


De Fondebrider en este blog:

El rock se ha muerto
Monocorde

jueves, noviembre 12, 2009

T.S. Eliot / Mistófeles


Mr. Mistófeles

¡Todos deben conocer al señor Mistófeles
el original gato ilusionista!
(A ello no hay duda que resista).
Por favor, oigan y no se burlen. Todas sus
invenciones salen de su cabecita.
No hay gato como él en la ciudad:
de todas las patentes tiene la propiedad
para ejecutar sorprendentes ilusiones
y crear excéntricas confusiones.
En la prestidigitación
o en el arte de los juegos de manos
desafiará cualquier inspección
y otra vez ustedes serán engañados.
Los más grandes magos siempre aprenden algo
del señor Mistófeles y sus pases mágicos.
¡Abracadabra!
¡Allá vamos!
Y todos diremos: ¡Ah!
¡Bueno, yo jamás...!
¿Alguna vez habrá
un gato tan sagaz
como el mágico señor Mistófeles?

Es tranquilo, menudo y todo negro
desde las orejas a la punta de la cola.
Puede deslizarse por el agujero más pequeño
y caminar sobre la baranda más angosta.
Es capaz de sacar cualquier carta del mazo,
y es igual de hábil con los dados.
Siempre nos engaña haciéndonos creer
que en cazar ratones sólo está interesado.
Puede hacer cualquier truco con un tapón
o con una cuchara y un poco de pasta de pescado.
Si alguien busca un cuchillo o un tenedor
creyendo que en otro lugar lo había guardado...
¡Pero si hace un instante lo vio, y luego desapareció!
lo encontrará la semana siguiente tirado sobre el pasto.
Y todos diremos:¡Ah!
¡Bueno, yo jamás...!
¿Alguna vez habrá
un gato tan listo
como el mágico señor Mistófeles?

Sus modales son vagos y reservados;
uno creería que no hay nadie tan tímido...
Pero han oído su voz sobre el tejado
cuando junto al fuego estaba acurrucado.
Aunque, a veces, junto al fuego lo han oído
cuando por el techo se paseaba...
(Al menos todos oímos que alguien ronroneaba)
Y esto es una prueba irrefutable
de sus poderes mágicos incuestionables:
y supe que la familia lo ha llamado
durante horas por el jardín para que entrara,
mientras él dormía en la sala.

¡Y no hace mucho este gato tan marullero
sacó siete gatitos de un sombrero!
Y todos dijimos: ¡Ah!
¡Bueno, yo jamás...!
¿Alguna vez habrá
un gato tan listo
como el mágico señor Mistófeles?

T. S. Eliot (St. Louis,1888-Londres, 1965), de Old Possum's Book of Practical Cats, revista El Jabalí, N° 19, Buenos Aires, 2009. Versión de Delia Pasini


Mr. Mistoffelees
You ought to know Mr. Mistoffelees! /The Original Conjuring Cat--/ (There can be no doubt about that)./ Please listen to me and don't scoff. All his/ Inventions are off his own bat./ There's no such Cat in the metropolis;/ He holds all the patent monopolies/ For performing suprising illusions/ And creating eccentric confusions./ At prestidigitation/ And at legerdemain/ He'll defy examination/ And deceive you again./ The greatest magicians have something to learn/ From Mr. Mistoffelees' Conjuring Turn./ Presto!/ Away we go!/ And we all say: OH!/ Well I never!/ Was there ever/ A Cat so clever/ As Magical Mr. Mistoffelees!// He is quiet and small, he is black/ From his ears to the tip of his tail;/ He can creep through the tiniest crack,/ He can walk on the narrowest rail./ He can pick any card from a pack,/ He is equally cunning with dice;/ He is always deceiving you into believing/ That he's only hunting for mice./ He can play any trick with a cork/ Or a spoon and a bit of fish-paste;/ If you look for a knife or a fork/ And you think it is merely misplaced--/ You have seen it one moment, and then it is gawn!/ But you'll find it next week lying out on the lawn. // And we all say: OH!/ Well I never!/ Was there ever/ A Cat so clever/ As Magical Mr. Mistoffelees!// His manner is vague and aloof,/ You would think there was nobody shyer--/ But his voice has been heard on the roof/ When he was curled up by the fire./ And he's sometimes been heard by the fire/ When he was about on the roof--/ (At least we all heard that somebody purred)/ Which is incontestable proof/ Of his singular magical powers:/ And I have known the family to call/ Him in from the garden for hours,/ While he was asleep in the hall./ And not long ago this phenomenal Cat/ Produced seven kittens right out of a hat!/ And we all said: OH!/ Well I never!/ Did you ever/ Know a Cat so clever/ As Magical Mr. Mistoffelees!

Ilustración: portada de Mr. Mistoffelees, de T.S. Eliot, ilustrado por Errol Le Cain, Faber&Faber, Londres, 1990

Otras versiones de poemas de Eliot en este blog:

Retrato de una dama, por J. Aulicino


miércoles, noviembre 11, 2009

Robert Browning / Porfiria



El amante de Porfiria


La lluvia esta noche comenzó temprano,
el áspero viento pronto despertó,
desgarraba airado las copas de los olmos,
y agitaba el lago con todo su furor:
con el corazón acongojado, yo escuchaba
cuando Porfiria entró silenciosamente, y sin demora
afuera dejó el frío y la tormenta, atizando
arrodillada el fuego del hogar
y rápidamente entibió la estancia;
al terminar, se incorporó y se quitó
la capa y el chal empapados,
dejó sus guantes sucios a un costado,
desató su sombrero, soltando el cabello húmedo,
y, por último, se sentó junto a mí
y me llamó. Ante mi silencio,
rodeó su cintura con mi brazo,
descubrió su blanco y terso hombro,
despejándolo de su rubia cabellera,
y se inclinó para que en él descansara mi mejilla,
y me cubrió con su rubia cabellera,
susurrando lo mucho que me amaba —ella,
demasiado débil, pese a los esfuerzos de su corazón,
por liberar del orgullo su pasión agobiante
y romper los lazos más triviales
y entregarse para siempre a mí.
Pero a veces, la pasión prevalecía,
y la alegre fiesta de esta noche no podía detener
un súbito pensamiento de alguien tan perdido
de amor por ella, y todo en vano;
Así apareció ella, a través del viento y de la lluvia.
Créanme que alcé mi vista mirándola a los ojos,
orgulloso y feliz; y supe finalmente
que Porfiria me adoraba; la sorpresa
henchía mi corazón, y aún crecía
mientras pensaba qué hacer.
En ese momento era mía, mía, bella,
del todo pura y buena; entonces descubrí
qué hacer: y enrosqué todo su largo cabello,
de larga y dorada trenza,
tres veces alrededor del delicado cuello,
y así la estrangulé. No sintió dolor alguno;
estoy seguro de que no sintió dolor.
Cauto abrí sus párpados, como un capullo cerrado
que esconde una abeja: y de nuevo
rieron sus ojos de azul puro.
Y luego desaté la trenza
de su cuello; su mejilla una vez más
se encendió brillando bajo mi beso ardiente:
esta vez fue mi hombro el que la cabeza inmóvil sujetó,
apoyada sobre él;
el pequeño rostro sonriente y rosado,
tan feliz de alcanzar su supremo deseo:
que todo aquello que desdeñaba se esfumara de golpe,
¡y que yo, su amor, triunfara en su lugar!
El amor de Porfiria: ella nunca adivinó
hasta dónde sería escuchado
el preciado deseo.
Y así, descansamos ahora juntos, sentados,
y en toda la noche no nos hemos movido,
¡Y ni siquiera Dios ha dicho una palabra!


Robert Browning (Camberwell, Surrey, 1812 - Venecia, 1889), Dramatic Lyrics, 1842
Versión de Silvia Camerotto


I.
Porphyria’s lover
The rain set early in to-night,/ The sullen wind was soon awake,/ It tore the elm-tops down for spite,/ And did its worst to vex the lake:/ I listened with heart fit to break./ When glided in Porphyria; straight/ She shut the cold out and the storm,/ And kneeled and made the cheerless grate/ Blaze up, and all the cottage warm;/ Which done, she rose, and from her form/ Withdrew the dripping cloak and shawl,/ And laid her soiled gloves by, untied/ Her hat and let the damp hair fall,/ And, last, she sat down by my side/ And called me. When no voice replied,/ She put my arm about her waist,/ And made her smooth white shoulder bare,/ And all her yellow hair displaced,/ And, stooping, made my cheek lie there,/ And spread, o'er all, her yellow hair,/ Murmuring how she loved me—she/ Too weak, for all her heart's endeavour,/ To set its struggling passion free/ From pride, and vainer ties dissever,/ And give herself to me for ever./ But passion sometimes would prevail,/ Nor could to-night's gay feast restrain/ A sudden thought of one so pale/ For love of her, and all in vain:/ So, she was come through wind and rain./ Be sure I looked up at her eyes/ Happy and proud; at last I knew/ Porphyria worshipped me; surprise/ Made my heart swell, and still it grew/ While I debated what to do./ That moment she was mine, mine, fair,/ Perfectly pure and good: I found/ A thing to do, and all her hair/ In one long yellow string I wound/ Three times her little throat around,/ And strangled her. No pain felt she;/ I am quite sure she felt no pain./ As a shut bud that holds a bee,/ I warily oped her lids: again/ Laughed the blue eyes without a stain./ And I untightened next the tress/ About her neck; her cheek once more/ Blushed bright beneath my burning kiss:/ I propped her head up as before,/ Only, this time my shoulder bore/ Her head, which droops upon it still:/ The smiling rosy little head,/ So glad it has its utmost will,/ That all it scorned at once is fled,/ And I, its love, am gained instead!/ Porphyria's love: she guessed not how/ Her darling one wish would be heard./ And thus we sit together now,/ And all night long we have not stirred,/ And yet God has not said a word!

Foto: Browning, 1889 Eveleen Myers/BBC

martes, noviembre 10, 2009

Javier Adúriz / de "Esto es así"


Esto es así

(Fragmentos)


Ayer a la tarde resolví convertirme en un peregrino del cielo y salir a caminar por los pasillos de dios. Principalmente porque llegó la hora del despojamiento. Me refiero a esa especie de afán de dar un paso y otro y otro, en busca de mis vagas certezas. De ahí también, el hecho oportuno de elegir los ahijú como vehículo de la percepción. Me dije: cada verdad ocasional debe ser anotada en este cuaderno que me regalaron en el año sesenta y cinco, aunque los fragmentos vengan del silencio y no hallen más validez que la de su propio enunciado… Sí, maltrecho lector: seamos viajeros de la eternidad.


A cada paso
Vas hundiendo los pies
En otra carne

(...)


Pero no es una cuestión de principios lo que aquí atraviesa, sino las correspondencias de la imagen con un espacio privado. No parece haber religión por estos parajes, aunque a veces exista la plegaria. Tampoco civilidad y menos, instinto nacional. ¿Qué va a ser de mí, cuando tire el cuaderno por la ventanilla? Si la literatura no excede el concepto de la compañía, de la pura conversación inteligente. Se vive por lo visto tejas abajo, en el zaguán oscuro donde se urden las palabras.


Habla y habla
Entre sueños
Igual se miente


El punto quizás sea dirimir la naturaleza de lo poético. Por eso ingreso sin querer en el gabinete del “hombre de dos cabezas”. Caramba, me digo, y me hallo notoriamente inquieto. El hombre tiene justamente dos cabezas, como dos balones y no es chiste, aparte de que dialogan bastante raro entre sí. El sujeto profesa un narcisismo insoportable. Ahí es cuando me pierdo, en el instante en que ambas caras se entregan a discutir consigo mismas la valía del Preste Juan. Fetén, fetén, exclamo, y me retiro – como decían los viejos – en los pies de un trote.


Quietud. Los autos
No dejan de pasar
Por la avenida


A esta altura el yo profiere apenas un espesor de lenguaje, maniobras de acercamiento. Hay una distancia considerable entre decir yo y escribir el yo. En el habla, se pliega reactivo frente a las acechanzas atávicas de lo real. En la letra se vuelve construcción, virulencia imaginaria… Si yo fuera rico, menciona la tonada. Si yo fuera rico, no sería quien soy, sino otro tipo de fantasía más abocada al poder, al consumo, a la vanagloria, preveo. Discurso sobre el discurso: ni el que habla ni el que escribe refieren a alguien.


Muy buenos días
Muy buenas tardes
Esperando a Godot


Oh dioses, puesto que también vosotros habéis sido autores de tales transformaciones, ayudadme en mi empresa y haced que mi poema discurra sin interrupción desde el principio del mundo hasta la actualidad. También es mi deseo exponer las mutaciones de los cuerpos en formas nuevas… Con este talante voy a intentar mi próximo libro, exigiendo novedad a todo trance… Sumado a la turba vanguardista, vociferaré en las avenidas, seré una quinta columna. Vanguardismo, vanguardismo sin concesiones, originalidad implacable, cantaré. Ay, mamita querida.


Versión

Toda la tarde
Viendo llover
Buracos en la puerta


De improviso el clima en el club se enrarece. Los jóvenes ingresan de a miles por las ventanas, pero el sector vitalicio resiste atornillado a las sillas. Que se sepa, la discusión es grotesca. Se declara abierta la sesión, proclama uno con cara de administrador de algo. Todos aplauden y se odian. Anote, escribano, digo. No anoto nada, recalca un anciano escupiendo con furia las palabras. Bien, entonces escriba. Dos puntos: Echeverría, Mansilla y Hernández. Sarmiento, Cap y Sivo. Corbatta, Pizzuti, Pereiro, Giannuzzi y Belén. Desde las tinieblas alguien irrumpe moviendo la mano: Aguante el posclásico, viejita. Pero el momento termina con el redoblante volando hacia la cara de todos.



Este paisaje
Tiene algo irreal
Todo está vivo

Javier Adúriz (Buenos Aires, 1948), Esto es así, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2009

Foto: Adúriz Macedonianos

De Adúriz en este blog:

Un suponer
¿Oís el río?

"Esto es así" se presenta hoy (ver Pizarra)

lunes, noviembre 09, 2009

Alberto Rubio / Zángano


Zángano


Zángano que expulsaron las obreras
entró en mi cuarto, ronco y decidido,
buscando un agujero para nido,
cansado de volar por las praderas.

Ojalá hallar un hueco en las maderas
beber la oscuridad del hondo olvido
comerse el propio cuerpo sumergido
renunciando a las mieles y a las ceras.

Anidado en tiniebla de hendidura,
las alas en la red de su atadura,
bebe la oscuridad desesperado

sin poder tiritar con más soltura
ni descansar por fin siendo bocado,
muerta la araña en su tejido al lado.


Alberto Rubio (Santiago de Chile, 1928-2002)
Erwin Díaz, Poesía chilena de hoy. De Parra a nuestro días, Documentas, Santiago de Chile, 1988 (Metales Pesados, 2005)

Foto: Rubio letras.s5.com

domingo, noviembre 08, 2009

Pier Paolo Pasolini / de "Transhumanar y organizar"




Versos del testamento

La soledad: hay que ser muy fuerte
para amar la soledad; hay que tener buenas piernas
y una resistencia fuera de lo común; hay que evitar
los resfríos, la influenza y la gota; no se debe temer
a rapiñadores o asesinos; si toca caminar
toda la tarde o quizá toda la noche,
hay que saber hacerlo sin pensar mucho; sentarse no se puede,
especialmente en invierno, con el viento sobre la hierba mojada
y con las piedras entre la inmundicia, húmedas y fangosas;
no hay ninguna gratificación, de eso no hay duda,
salvo la de tener por delante un día y una noche
sin deberes o límites de ningún género.

El sexo es un pretexto. Por muchos que sean los encuentros
-incluso en invierno, por las calles abandonadas al viento,
entre las pilas de inmundicia contra los edificios lejanos,
suelen ser muchos- no son sino momentos de la soledad;
cuanto más caliente y vivo es el cuerpo gentil
que unge de semen y se va,
más frío y mortal alrededor es el dilecto desierto;
es éste quien llena de alegría, como un viento milagroso,
no la sonrisa inocente o la turbia prepotencia
del que después se va; él se lleva una juventud
enormemente joven, en esto es inhumano,
porque no deja rastros, o mejor, deja solo una traza
que es siempre la misma en todas las estaciones.
Un muchacho en sus primeros amores
no es otra cosa que la fecundidad del mundo.
Y el mundo llega con él: aparece y desaparece,
como una forma que cambia; quedan intactas todas las cosas,
y tú podrás recorrer media ciudad, no lo encontrarás más;
el acto se ha cumplido; la repetición es un rito. De donde
la soledad es todavía más grande si una multitud
espera su turno: crece en efecto el número de desapariciones -
el irse es huir- y lo siguiente incumbe al presente
como un deber, un sacrificio al deseo de muerte.
Envejeciendo, sin embargo, el cansancio comienza a sentirse,
en especial en el momento en que apenas ha pasado la hora de la cena:
para ti no ha cambiado nada; entonces, por poco no gritas o lloras;
y eso sería enorme si no fuese, precisamente, sólo cansancio,
y quizá un poco de hambre. Enorme, porque querría decir
que tu deseo de soledad no podría ser jamás saciado,
y entonces ¿qué te espera, si lo que no es considerado soledad
es soledad verdadera, aquella que no puedes aceptar?
No hay cena o almuerzo o satisfacción en el mundo,
que valga una caminata sin fin por las calles pobres
donde hay que ser desgraciados y fuertes, hermanos de los perros.

Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922-Ostia, 1975), Trasumanar e organizzar, Garzanti, Milán, 1971
Versión de J. Aulicino



Versi del testamento
La solitudine: bisogna essere molto forti/ per amare la solitudine; bisogna avere buone gambe/ e una resistenza fuori dal comune; non si deve rischiare/ raffeddore, influenza e mal di gola; non si devono temere/ rapinatori o assassini; se tocca camminare / per tutto il pomeriggio o magari per tutta la sera/ bisogna saperlo fare senza accorgersene; da sedersi non c’è;/ specie d’inverno; col vento che tira sull’erba bagnata, / e coi pietroni tra l’immondizia umidi e fangosi; / non c’è proprio nessun conforto, su ciò non c’è dubbio,/ oltre a quello di avere davanti tutto un giorno e una notte/ senza doveri o limiti di qualsiasi genere.// Il sesso è un pretesto. Per quanti siano gli incontri/ - e anche d’inverno, per le strade abbandonate al vento,/ tra le distese d’immondizia contro i palazzi lontani,/ essi sono molti – non sono che momenti della solitudine;/ più caldo e vivo è il corpo gentile / che unge di seme e se ne va, / più freddo e mortale è intorno il diletto deserto; / è esso che riempie di gioia, come un vento miracoloso, / non il sorriso innocente, o la torbida prepotenza / di chi poi se ne va; egli si porta dietro una giovinezza / enormemente giovane; e in questo è disumano, / perché non lascia tracce, o meglio, lascia solo una traccia / che è sempre la stessa in tutte le stagioni. / Un ragazzo ai suoi primi amori / altro non è che la fecondità del mondo. / E’ il mondo così arriva con lui; appare e scompare, / come una forma che muta. Restano intatte tutte le cose, / e tu potrai percorrere mezza città, non lo ritroverai più; / l’atto è compiuto, la sua ripetizione è un rito. Dunque / la solitudine è ancora più grande se una folla intera / attende il suo turno: cresce infatti il numero delle sparizioni – / l’andarsene è fuggire – e il seguente incombe sul presente / come un dovere, un sacrificio da compiere alla voglia di morte. / Invecchiando, però, la stanchezza comincia a farsi sentire, / specie nel momento in cui è appena passata l’ora di cena,/ e per te non è mutato niente: allora per un soffio non urli o piangi; / e ciò sarebbe enorme se non fosse appunto solo stanchezza,/ e forse un po’ di fame. Enorme, perché vorrebbe dire / che il tuo desiderio di solitudine non potrebbe essere più soddisfatto / e allora cosa ti aspetta, se ciò che non è considerato solitudine / è la solitudine vera, quella che non puoi accettare? / Non c’é cena o pranzo o soddisfazione del mondo, / che valga una camminata senza fine per le strade povere / dove bisogna essere disgraziati e forti, fratelli dei cani.


Foto: Pasolini filma Accatone, 1960 Clarín, Buenos Aires